¿Qué hacemos?
5 objetivos para
modernizar la formación vial
Desde APIVE articulamos nuestra acción en torno a 5 grandes objetivos.
01.
Garantizar un marco homogéneo y previsible en todo el territorio
02.
Orientar la formación vial a resultados de aprendizaje y seguridad vial
03.
Avanzar hacia una relación con la administración más eficiente y digital
04.
Reforzar la profesionalización y sostenibilidad del profesorado de formación vial
05.
Ampliar el acceso equitativo a la formación vial y a la movilidad
Trabajamos para reducir la fragmentación territorial en la aplicación de la normativa y avanzar hacia un sistema con reglas claras y coherentes en todo el país que garantice igualdad de oportunidades de acceso a la formación vial.
En la práctica, este objetivo persigue:
Favorecer criterios comunes que aporten seguridad jurídica a centros, profesionales y alumnos.
Reducir incertidumbres que encarecen la actividad y frenan la inversión.
Garantizar igualdad de condiciones con independencia del territorio.
Impulsamos un modelo centrado en la calidad del aprendizaje y en la mejora efectiva de la seguridad vial, priorizando los resultados frente a rigideces formales que limitan el acceso.
En la práctica, este objetivo persigue:
Facilitar itinerarios formativos más adaptados a distintas realidades personales y laborales.
Permitir que la innovación metodológica contribuya a mejorar tasas de éxito y reducir abandonos.
Garantizar que todos los modelos formativos compitan en calidad, no en barreras administrativas.
Promovemos una relación entre el sector de la formación vial y las administraciones públicas basada en procedimientos ágiles, plenamente digitales y orientados al servicio.
En la práctica, este objetivo persigue:
Reducir cargas administrativas que no aportan valor en términos de calidad o seguridad.
Mejorar la trazabilidad, el control y la eficiencia de los procedimientos.
Facilitar el cumplimiento normativo y la actividad de los centros de formación.
Defendemos un marco que ponga en valor el papel del profesorado como eje central de la calidad formativa y de la seguridad vial.
En la práctica, este objetivo persigue:
Favorecer condiciones profesionales más estables, atractivas y transparentes.
Reducir rigideces que dificultan la captación y permanencia de profesionales.
Facilitar el ejercicio profesional en distintos contextos territoriales y organizativos.
Trabajamos para reducir barreras económicas, geográficas y organizativas que limitan el acceso a la formación vial.
En la práctica, este objetivo persigue:
Facilitar el acceso en territorios con menor oferta y menor densidad de población.
Mejorar la accesibilidad para jóvenes, trabajadores y colectivos con menos recursos.
Apoyar la viabilidad de micropymes y pequeños centros que sostienen el servicio en muchos territorios.
Desde APIVE impulsamos una modernización equilibrada del sistema de formación vial, combinando seguridad, calidad, innovación y acceso, con el objetivo de contribuir a una movilidad más segura, inclusiva y eficiente para el conjunto de la sociedad.
¿Por qué?
La formación vial es un servicio esencial para la seguridad vial, el acceso a la movilidad y la cohesión social y territorial. En España se expiden cada año en torno a 900.000 permisos de conducir y cerca del 80 % de la población adulta posee alguno, lo que convierte al sistema de formación vial en una infraestructura clave para la empleabilidad, la autonomía personal y el desarrollo económico.
Sin embargo, el sector atraviesa desequilibrios estructurales profundos. En la última década:
El número de alumnos se ha reducido aproximadamente un 50 %.
Las tasas de suspenso siguen siendo elevadas: en torno al 50 % en la prueba teórica y superiores al 60 % en la práctica.
Hay un desajuste estructural entre la demanda de exámenes y la capacidad disponible, que genera listas de espera prolongadas y retrasa el acceso al permiso de conducir, como resultado del crecimiento de la población, cambios en los criterios europeos y limitaciones operativas acumuladas en el sistema.
La oferta de centros y profesionales disminuye, especialmente en territorios con menor densidad de población.
Estas dinámicas reflejan una crisis de accesibilidad y eficiencia del modelo tradicional, que afecta de forma desproporcionada a jóvenes, trabajadores con menor disponibilidad horaria, personas que viven en territorios con menos oferta y pequeños centros que sostienen el servicio en muchos municipios.
En este contexto, la digitalización no es solo una herramienta tecnológica, sino una palanca social y económica:
Permite reducir barreras de entrada, abaratar costes, ampliar la cobertura territorial y facilitar una oferta formativa más flexible y compatible con las realidades laborales y personales de los ciudadanos.
Además, la flexibilidad del modelo digital favorece la incorporación de nuevos actores, impulsando un sector más competitivo y sostenible.
Hablemos
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